viernes, 6 de agosto de 2021

Albalate turístico I, el Mudéjar y el Castillo

Esta es la primera entrega de unos vídeos que nos ayudarán a conocer mejor las maravillas que alberga la localidad aragonesa de Albalate del Arzobispo (Teuel)


Albalate cuenta con dos torres mudéjares

El mudéjar aragonés cuenta en Albalate del Arzobispo con dos de sus mejores ejemplos. Esto son, la torre de la iglesia de La Asunción -compuesta de cinco cuerpos decorados con cerámica y ladrillo-, quizá los principales motivos de la decoración mudéjar. 

Además el patrimonio de Albalate cuenta también con la torreta del castillo-palacio, que data de en torno al siglo XVI y que también se considera como un resto del arte mudéjar. 


Tanto la iglesia, la torre de la iglesia, como el castillo fueron declarados Bien de Interés Cultural (BIC).

Albalate, cuyo casco urbano es considerado conjunto histórico-artístico desde el año 1983, cuenta con 16 Bienes de Interés Cultural (BIC), y uno más en trámite de catalogación, lo que demuestra la riqueza patrimonial de esta localidad.

Además, hay que destacar que en esta población también encontramos varios Lugares de Interés Comunitario (Red Natura 2000) y cuenta también con 7.141 Ha de ZEPA (Zonas de Especial Protección para las Aves), en la zona de los Estrechos del Martín.

Castillo-Palacio arzobispal

El castillo-palacio de Albalate se construyó bajo el mecenazgo del arzobispado de Zaragoza, no puede olvidarse que Albalate desde 1149, tras su reconquista por parte de las tropas de Ramón Berenguer IV, pasó a ser un señorío del arzobispado de Zaragoza, lo que queda perfectamente recalcado tanto en su nombre (Albalate del Arzobispo) como en el escudo de esta población.   

        

De los orígenes de este castillo, podemos certificar por medio de catas arqueológicas, que en el siglo XI era una fortaleza musulmana. En el siglo XV (a principios y finales), encontramos dos ampliaciones. En ampliación realizada en la segunda mitad de este siglo se construyeron los grandes ventanales góticos. El resto de construcciones importantes tendrían lugar en el siglo XVI, de las cuales destaca el uso del ladrillo en acabados y la torre que actualmente corona este palacio.

Muchos son los secretos y detalles de su construcción e historia que hacen de este edificio uno de los reclamos turísticos más interesantes de conocer para cualquier visitante que se acerque hasta esta localidad del Bajo Martín. Desde la página del Ayuntamiento se pueden concertar visitas guiadas (muy recomendables).

Albalate es también uno de los pueblos de la Ruta del tambor y bombo. El toque de tambores y bombos es sin duda una de las atracciones turísticas que año tras año más visitantes atrae hasta estos pueblos durante la Semana Santa. Este toque de tambores es patrimonio mundial desde 2018.

Esta localidad es una de las que integran el Parque Cultural de Rio Martín, cuyos éxitos y consolidación son también de sobras conocidos.  

Todas estas consideraciones previas hacen que resulte necesario la realización de un buen plan de difusión de la calidad y la importancia de nuestro legado patrimonial.

Más que magia, cine. Segundo de chomón

Más que cine, magia. Segundo de Chomón es un proyecto transmedia, que engloba tres disciplinas. Música en directo, investigación y creación audiovisual. Segundo de Chomón es el nexo de todas ellas. 

Esta producción audiovisual está previsto que se estrene en Teruel, el próximo 17 de octubre, coincidiendo con el 150 aniversario del nacimiento de este genio turolense, con música compuesta por Chus Fernández e interpretada en directo durante el espectáculo, invita a un viaje en el tiempo que va de los orígenes del cine hasta su presente y futuro que Segundo de Chomón fue capaz de vislumbrar con elegancia en todos sus trabajos, solo o al servicio de otros logró resultados memorables. Se trata de un conjunto de proyecciones de fragmentos de la obra de Chomón que culmina en una reinterpretación de su cine, que utiliza herramientas actuales, basándose en las técnicas que él inventó y desarrolló.

El nuevo montaje diferente y original a partir de fragmentos maravillosos de su cine adquieren una nueva dimensión acompañados por unos músicos que se mueven con agilidad en los ricos y expresivos territorios del jazz...

 

Los orígenes del cine y del jazz Cine y Jazz son dos artes íntimamente ligados a la vida cultural y social del siglo XX. En EL Siglo XXI están logrando fusiones casi perfectas. Algunos datos diferenciales en su origen no hacen sino invitar a un destino común, tanto en su desarrollo, como en sus coincidentes momentos de gran expansión o de crisis. El cine, un arte derivado y dependiente de la evolución técnica, con una cuna en buena casa, con una fecha de nacimiento (o varias, pero bien ubicadas), y el jazz como un fenómeno popular, con un largo periodo de gestación y en el que nadie sabría definir el momento en que nació, están destinados a ocupar el lugar más alto de la historia de la cultura, de las vanguardias artísticas, durante el siglo XX.
Juntos, cine y jazz, recorren el primer tramo del siglo, casi un tercio, porque a uno le falta el sonido, y al otro le invitan las imágenes a exhibirse ante los públicos de medio mundo. Más tarde seguirán juntos, justificando, en ocasiones, la mediocridad del otro, o cuando el gran nivel de ambos coincida, ofreciéndonos verdaderas obras de arte.

Por qué hemos elegido las creaciones del pionero del cine Segundo de Chomón.
Segundo de Chomón nació en Teruel en 1871, y terminó convirtiéndose en uno de los más decisivos cineastas de los inicios de un arte que ahora es indispensable para entender un mundo definido por las diversas metamorfosis del audiovisual. 
Segundo fue tan importante, al menos, como el francés George Méliès (1861-1938). Los dos son capaces de desarrollar técnicas que nos permitirán llevar la magia (en sentido literal y figurado) al cine. Las fantasías, los inventos futuristas, los viajes en el tiempo y el espacio, fueron hechos realidad en las imágenes que ambos inventaron. 
Chomón, además, aportó su dominio e invenciones para el lucimiento de las películas de otros cineastas. Ya en 1903 inventa el travelling al servicio de los franceses Lucien Nonguet y Ferdinad Zecca en La Vie et la Passion de N.S. Jésus-Christ y lo perfecciona al servicio del italiano Giovanni Pastrone y su Cabiria (1914), a la que tanto le debe David Wark Griffith (1875-1948), uno de los grandes maestros reconocidos del cine en sus inicios; sus trucajes y efectos especiales en la magna Napoleón (1927) de Abel Gance, o en la reivindicable y “jazzística”, El negro que tenía el alma blanca (1927) de Benito Perojo, en la que la sabiduría del genio turolense se pone al servicio del charlestón...
Son suyas algunas de las primeras experiencias del cine en color (coloreando a mano, fotograma a fotograma, o con las primeras manipulaciones químicas) o del cine de animación con La guerra y el sueño de Momi (1917), codirigida con Giovanni Pastrone, una brillante alegoría antibelicista, que junto a trabajos magistrales como El hotel eléctrico (1908), demuestran que seguramente fue el mejor utilizando técnicas como la del paso de manivela o de perfeccionar el travelling al servicio de las películas del citado Giovanni Pastrone.
Segundo de Chomón se nos muestra como un cineasta innovador y brillante que al contrario de Méliès no viene del espectáculo de magia teatral, sino que se desarrolla a partir de las opciones imaginativas y narrativas que otorga el nuevo arte cinematográfico. Incluso conecta con los antecedentes directos de las Vanguardias francesas y movimientos artísticos como Las Artes Incoherentes (su esplendor es de 1882 a 1890), que se anticipan a lo hoy se definirían como espectáculos multimedia. Chomón también nos dejó un reflejo fílmico de ese mundo en Une excursion incohérente (1909).

El Proyecto multimedia


A lo largo de media hora de duración podremos disfrutar de cortes de películas divididos en siete capítulos o escenas que nos mostrarán a este cineasta, inventor e innovador y su técnica al servicio del lenguaje cinematográfico.
La idea es contar con el trío Evo piano/saxo, percusión clásica y moderna y bajo eléctrico, versátil ya que son multiinstrumentistas que aportan nuevos matices al proyecto musical, desde los ritmos africanos, hasta los generados por un bajo asociado a un sintetizador.
Nuestro espectáculo invita a un viaje en el tiempo, entreverado por las visiones fantásticas imaginadas por Chomón.
A continuación, se describe brevemente cada una de las escenas previstas.
La primera escena, a ritmo de charlestón, tiene dos fragmentos de El negro que tenía el alma blanca (1927) de Benito Perojo, uno totalmente onírico y el otro con un grupo de músicos negros en plena acción. Este fue, al parecer, el último trabajo de Chomón.
La segunda, dos fragmentos de la parte final del Napoleón (1927) de Abel Gance. Chomón fue uno de los “técnicos” que hicieron realidad los trucajes visuales (incluso el color y la pantalla tripartita). Alguna melodía recordando a La Marsellesa, es inevitable.
La tercera, da continuidad al viaje en el tiempo (ahora a la antigüedad) de la mano de la interpretación que Gabrielle D’Annunzio y Giovanni Pastrone hicieron en Cabiria (1914), adaptando con libertad textos de Emilio Salgari y del historiador romano Tito Livio (siglo I a. C.). Aires orientales y referencias a una música de la antigüedad (que puede seguir recreándose con la percusión) acompañando los trucajes, maquetas y el magistral uso del travelling, uno de los inventos de Chomón.
La cuarta, con jazz de la primera época, ya que ilustra la interpretación que el mismo Chomón hacía de dicha música Utilizaremos fragmentos de En avant la musique (1907), La leçon de musique (1908) y Symphonie bizarre (1909). 
La quinta, mezcla con agilidad conceptos genéricos que pasan por la magia y la ciencia ficción. La fantasía como puerta a los soñados avances tecnológicos que todavía parecen ensalmos mágicos. La apuesta es la música electrónica (más electrificada), con fragmentos de Le spectre rouge (1907), El hotel eléctrico (1908) y Voyage sur Jupiter (1909) que son trabajos elaborados con maestría por Chomón.
La sexta, tiene tres fragmentos de cine de animación, mezclados con acción real. Tanto Le théàtre électrique de Bob (1909), Une excursion incohérente (1909), como de La guerra y el sueño de Momi (1917), esta codirigida con Giovanni Pastrone, son trabajos de gran calidad, tres muestras excelentes del dominio técnico de Chomón, al servicio de historias que van desde la ensoñación infantil al alegato antibelicista. Aquí, la música acompaña de modo “narrativo” los fragmentos escogidos (quizás algo más extensos que todos los anteriores). Este “capítulo” permite un enlace fluido con la séptima y última parte.
La séptima, es una nueva creación, firmada por José Ángel Guimerá, Cristina Vilches. Un cortometraje de animación de unos 5 minutos que reinventa y aplica las técnicas de Chomón. Su argumento está en desarrollo. Musicalmente tiene una continuidad clara con el fragmento anterior. Los juguetes y escenografías del Museo del Juguete de Urrea de Gaén serán los protagonistas y la “magia” de Chomón será la inspiración.
Este último fragmento tiene entidad propia, ya que se trata de un cortometraje que también podrá presentarse de manera independiente, por ejemplo, en cualquier festival o muestra de cine de animación.